domingo 22.09.2019

Un diálogo silencioso

“Solo guarda silencio quien tiene cosas que decir. Cuando hablamos, muchas veces, lo hacemos para ocultar lo que no queremos decir.”

55Cuando la nieta llegó, los abuelos la abrazaron y la besaron con ternura infinita. Ella les dijo: “abuelos os quiero mucho y siempre os echo de menos”, y ellos: “nosotros también a ti”. Cuando el novio empezó a estrujarla contra su pecho, a amasarla entre sus brazos, le parecía muy raro que los abuelos no se besaran nunca ni nunca se dijeran: te quiero como se lo dice constantemente su novio. Cuando el abuelo se iba unos días a trabajar fuera, a un viaje, se daban un abrazo o sencillamente se decían adiós. Ahora se da cuenta de que a los abuelos no les hacen falta palabras para entenderse ni para decirse cosas; con la mirada, con gestos que sólo ellos perciben, se dicen, en un dialogo silencioso, lo no dicho nunca todavía. Se aman en calma y como los niños que aún no hablan. “Me doy cuenta que en los ojos de los abuelos hay una llama que brilla sólo la del uno para el otro. Los abuelos son como el rumor del bosque, como el fondo del mar; son para mi una revelación y una interrogación”. Un día dijo a una amiga: “Solo guarda silencio quien tiene cosas que decir. Cuando hablamos, muchas veces, lo hacemos para ocultar lo que no queremos decir.” Y recordó aquello de Rilke: “En tus ojos que nunca parpadean, el espacio soy yo”.

Manuel Madianes Castro

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