sábado 5/12/20

CONVENCIONALISMOS

Hoy quiero hablar de la actualidad, si, pero no del COVID, que ya suficiente hablan otros, si no de ese movimiento, masivo y generalizado, que este fin de semana se ha producido a camposantos en toda nuestra geografía, aunque en menor dimensión que otros años, y con mayores precauciones.

lápida

Leía un artículo en esta misma publicación, donde el autor, tras una visita al cementerio de Xinzo, guiado por un conocedor de la villa, lo veía, como una clase de historia local. Eso es así en todos los cementerios, o al menos en los mas antiguos, que nos dan una idea clara de la historia y la cultura de los pueblos, pero también nos hablan de sociedad y de su organización. Por mi trabajo he podido visitar, en algún rato libre, algunos de los mas conocidos de Europa, auténticas ciudades de difuntos, pero sin duda, los que mas me impactaron, sin olvidar los coloridos cementerios mejicanos, fueron los de París, cualquiera de ellos, Montparnasse, Montmartre o Père-Lachaise, y los italianos de San Michele de Venezia, y muy especialmente el Monumental de Milano. Me impactaron, como no, y como a casi todos los visitantes, por la grandiosidad de las obras artísticas, que en ellos se pueden ver, especialmente en Milán, que son, sin duda, testigo fiel de una época, y un auténtico museo al aire libre, y gratis. Me impactaron también, porque para mi, como para al común de los mortales, es la única oportunidad de haber estado cerca de personajes como Stravinsky, Chopin, Sartre, o incluso nuestro Manuel Godoy, aunque ellos no se hayan enterado. Pero me impactaron, y me impactan pequeños y grandes cementerios, muy especialmente, por algunos panteones, nichos o sepulturas que son auténticos monumentos a la hipocresía, y una auténtica “feria de las vanidades”, especialmente de familiares, herederos, y deudos varios, para demostrar el amor, que a menudo, en vida no mostraron, y como no, exhibir, hasta la petulancia, el estatus social y pecuniario del inquilino del mausoleo. Y esta misma vanidad, y esta misma hipocresía, las vemos en mayor o menor medida durante estos días, en que la Iglesia celebra el día de los fieles difuntos (por cierto instaurado por mi ilustre tocayo San Odilo de Cluny, allá por el siglo XI), en que los nichos y panteones florecen, a veces de manera exagerada, recargada, y a menudo suntuosa, en muchos casos por aquello del “que dirán”, para a renglón seguido, y de manera muy generalizada volver al mayor de los ostracismos, olvido y abandono para el resto de los días del año. Cierto es, que hoy los cementerios son una explosión de color, por los miles y miles de flores que en ellos se colocan, y se convierten en lugares vistosos, no voy a decir alegres, para en pocos días pasar a ser lugares mucho mas tristes, si aún es posible, y lúgubres, con esqueletos de adornos florales y vegetales, ajados, secos, y casi momificados, que aquellos que los pusieron han olvidado de retirar, olvidando, al mismo tiempo, al finado, objeto del momentáneo homenaje, y efímeras alabanzas y elogios (lo dice bien el epitafio de Jardiel Poncela), hasta, al menos, el próximo año. Pero son los convencionalismos sociales, y así seguirán por muchos años. En fin, no hemos hablado del COVID, pero seguid tomando precauciones y manteneos lo mas a salvo posible, pues recordad que, lo triste no es visitar un cementerio, si no quedarse en él para siempre.