domingo 20/6/21
EVA RODRIGUEZ LAMA

“Fogar Antioquía”

Rosa Trujillo Bolaño

ESCOLA RURAL DE SAUDE DA LIMIA

 

“…Tomo el periódico, no como el rentista para tener noticias de su fortuna,

sino para tener noticias de mi familia que es toda la humanidad…”

José Antonio Ramos Sucre-poeta venezolano

(La torre de timón-Elogio de la soledad)

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Eva Rodríguez

Al escuchar a Eva Rodríguez Lama, en la vivienda comunitaria “Fogar Antioquía” lugar en el cual, junto a su marido y su hijo, realiza uno de sus sueños más preciados, cuidar a los ancianos que están solos, hemos recordado muchas caminatas, en la Limia, por pueblos con muy pocos vecinos, casas antiguas, iglesias cerradas, donde las personas viven en soledad. De forma contradictoria, los seres humanos avanzamos hacia esa experiencia. En Europa se van creando instituciones que tratan de atender la soledad, ministerios, comisiones que tratan de paliar la desesperanza, de aquellos que se sienten desvalidos con distintos niveles de dependencia. Paralelamente, uno va conociendo, gente que lucha por lograr un sueño en el cual, el cuido, el intercambio, la solidaridad, y la palabra amorosa tienen cabida. Ese es el caso de Eva.

Eva Rodríguez-Lola Rico y Rosa TrujilloDicen que para lograr algo, primero hay que soñarlo, tenerlo en el corazón, en la mente y luego en la palabra. Las palabras no existen por casualidad o por el invento de los libros. Ellas son simiente viva, flotan en los campos, nadan en los ríos, caminan por los montes, anidan en las casas y penetran la memoria de nuestros cuerpos. Hemos escuchado por la boca de algunos poetas que las palabras son lugares, espacios y formas que misteriosamente arman historias, sin ellas, la memoria es olvido, esquezemento, se queda sola. Los idiomas son nuestro bien preciado, esa relación que nos conecta un mundo amoroso soñado.

Eva nos cuenta en esta entrevista realizada en Xinzo de Limia en el “Fogar Antioquia” que ella vino al mundo en San Vitoiro de Boado el año 1959. Es hija de Albino Rodríguez Peagudo y de Evarista Lama Araujo. Sus abuelos venían a jugar las cartas a la casa familiar y su vínculo más cercano fue con los abuelos maternos. La abuela estuvo los últimos años con ellos. Recuerda su infancia dentro de una familia de labradores gallegos, la resume en la palabra felicidad. Debe haber mamado mucho sentidiño y afecto de leche caliente con miel, su cara es tersa, muy blanca, no tiene maquillaje y sus ojos pequeños denotan un cierto cansancio, pero están alertas a observar y descubrir lo que sucede a los doce ancianos que viven en el hogar, entre ellos dos de cien años. Los que pueden salen por el pueblo o pasean y luego regresan, comparten, juegan a las cartas, comen juntos.

No hubo forma de que Eva se pudiese quedar a vivir en su pueblo, salió a  Xinzo,  Coruña, Ourense, Baleares. Se casó y tuvo un hijo en 1985. Emigraron a Suiza, las circunstancias los obligaron. Tuvo que dejar a su hijo en San Vitoiro, comenta con tristeza la gran decepción y dolor. Lo pasó muy mal, estuvo enferma de tristeza. Vivió cinco años en uno de los cantones suizos, cercanos a Zurich, trabajando en un centro de ancianos. Alternaba su trabajo con estudios de Geriatría, cursos y prácticas, que le permitieron tener una formación, el mayor bien  llevaba era su motivación, actitud e interés en el cuido de las personas mayores, un don natural desarrollado con la experiencia y la formación. Ella nos ha entregado un breve tiempo de su día en el “ Fogar Antioquía” y conversa con nosotros, en una pequeña oficina, a la entrada. Llega vestida con bata blanca, sin artilugios, muy sencilla. Queremos ser fieles a sus respuestas en un encuentro cercano y breve.eva 6

R.M.T.B.: ¿Eva, por qué una persona joven se interesa en los mayores?

E.R. L.:  Porque…a la gente mayor se le acercan pocos. Yo veo a la gente mayor falta de cariño. Necesitan una palabra de afecto. Eso me motivo cuando estuve en Suiza. Yo no sabía el idioma, iba con el gallego y el castellano. No soy la mejor. Lo reconozco, pero en lo que yo hago, me parece que pocas personas están tan dedicadas.

R.M.T.B.: ¿Nos puedes hablar de las comidas?

E.R.L.: Las comidas las hace mi marido. Primero los servimos a ellos y luego nos servimos nosotros. Nos sentamos todos en el salón, allí con ellos. Es necesario que sepan que comemos lo mismo. Me satisface hasta el infinito. A veces no sé si lo tendría mejor. Me involucro mucho y luego mi cuerpo se resiente. Estamos aquí de lunes a domingo.

RM.T.B.: ¿Cuéntanos cómo ha sido el camino hasta el “Fogar Antioquia”?

E.R.L.: …Tenía la idea de trabajar con personas mayores, en un proyecto más grande.

Se necesitarían muchas cosas. Hoy los pueblos están despoblados. Los jóvenes se van y los mayores se quedan… Esto no va con la política. Tendría que ser una política para ayudar al que tiene mejores y buenas iniciativas, hacer comedores para los que no tienen posibilidades, ayudarles y sino tienen cobijo, darles una especie de cobijo, condiciones dignas…Haría muchas cosas que no tengo para hacerlo…Cuando llegamos de Suiza, teníamos la intención de formar una residencia con tamaño y mucha calidad. No solo no encontramos ayudas sino palos. Eva denuncia que hay muchos intereses creados que no dependen del trabajo. Nunca pudo lograr ayudas para su proyecto inicial.

R.M.T.B.: Háblanos un poco de tus comienzos en esta labor del cuido a los ancianos

E.R.L.: Recuerda su experiencia de Suiza y se conmueve. Hay cosas que te molestan por dentro. A veces, llegué a mi casa y he llorado. Yo, allá iba a mi casa sin piel en el brazo por las uñas de algunos ancianos. Eso me sucedía porque era extranjera y no sabía el idioma, que era el Romanche, una mezcla de alemán e italiano. Hay cosas que las haces por amor y las sufres. No cambia, es una cosa que llevo dentro. Es mi vocación.

R.M.T.B.: ¿Qué habilidades hay que desarrollar o tener para realizar este trabajo?

E.R.L.: Saber quererte a ti, para dar cariño a los demás. Tener mucha paciencia y tiene que gustarte el trabajo, para mi esta profesión es maravillosa.

R.M.T.B.: ¿Se ha hablado mucho en la pandemia de los centros de ancianos grandes, el negocio, las muertes de los ancianos? ¿Cómo fue la experiencia para ustedes?

E.R.L.: …Con doce personas, mi marido, mi hijo y yo. Los primeros días no entró ninguna visita. Aquí todo se hizo por teléfono. Yo los cuidé como si fuera la gallina con los polluelos, como a mis hijos. Hablé con sus familiares y les dije: tenéis que hablar por teléfono o videoconferencia.

R.M.T.B.: ¿Cómo es la experiencia de cercanía con la muerte al atender a los ancianos?

eva 3- eva junto a su esposo y su hijo

E.R.L.: Nos refiere ambas experiencias. La de Suiza y la de aquí.

Aún no tuve una persona…A veces te dicen: Soy viejecita, ya voy a morirme. En Suiza los preparábamos una vez fallecidos. Mi esposo venía a ayudarme, les cortábamos las uñas, los afeitábamos…Eso fue lo que más me afectó. Era durísimo. Yo estaba lejos de los míos y pensaba que podía ser mi madre o mi padre. Una cosa que me impactó muchísimo es que no hay familias. Muchos fallecen contigo. Allí la familia es diferente. Aquí yo llamo a la familia y vienen. No tengo problema en absoluto, aquí la gente fallece de forma diferente, más cerca de su familia.

El recuerdo de la muerte en soledad nos hace guardar silencio. Eva nos dice que la entrega es total. Hay pocas ayudas. Requerirían de algún apoyo para contratar a otra persona. Se turnan y una vez a la semana va a visitar a su madre en San Vitoiro. Nos muestra la vivienda, las habitaciones. Es un ambiente cálido y cercano. La gente se observa tranquila y en paz. Como bien dijo el poeta Ramos Sucre, hemos comprobado que hay seres para los cuales la familia es la humanidad entera.

R.M.T.B.