miércoles 28/7/21
ROSA BOLAÑO COSTA

“Rosita” La pasión de vivir (17-06-1929 –18-06-2021)

Rosa Trujillo Bolaño. Escola Rural de Saude da Limia

portada
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A todos los que se han ido, en época de pandemia por cualquier

razón. Muchos, sin tener el consuelo de la atención afectiva y la

despedida. A todos, sabiendo que ciertamente, nos iremos. Por

todos, la veracidad y la esperanza de la luz, que cura y vuela.

“Eiqui estou dandolle os fios a tecedeira”

Madre, hoy son para ti todas mis visiones, el polvo que soy, el aliento, la visión blanquísima de la nube en distintas formas de humedad, los pájaros y sus trinos interpretando su concierto ante la escena natural de La Vida que transcurre y disipa las sombras de tu despedida. Vino la tecedeira vestida con traje de dolor, te permitió superar la pandemia, pero siempre vino. Tu voz se escucha saliendo de estas piedras, entre os balados, trae otros tiempos de tu nacimiento en San Pedro de Solveira, las correrías con tus hermanos y nuestros abuelos Cándido Bolaño Lozano y Caridad Costa Rodríguez y tu juventud radiante y enérgica en Xinzo de Limia. Las fotos tomadas por Rizzo muestran tu gran sonrisa del brazo de mi padre Cosme Trujillo Gelde, caminando cerca del río Lethes, donde los ombligos de nuestros ancestros celtas guerreaban al clamor de la batalla frente a la presencia de los ejércitos romanos.

Se escucha tu nombre en la risa del viento. Tus historias vuelven, recordando que nada termina presentan estos lugares, sus nombres y otras posibles vidas que aparecían en tus sueños, bajo la forma de hermosos pazos, en comedores espaciosos de muebles oscuros y candelabros. ¡Qué cosas! Decías. Sueño que he vivido otras vidas, debo haber sido un general y nos reíamos mucho con tu ocurrencia.

smartEmigraste a Venezuela, después de haberte casado con papá. ¡Por fin! liberado de la carga militar y la disgregación de su familia en la guerra. Con lágrimas en los ojos dijo una mañana caraqueña, señalando la foto de su padre desaparecido en la guerra: Fue un héroe, la infamia fue en Espejo. Pocas cosas habló papa del abuelo Juan. Su muerte estuvo rodeada de un silencio indescifrable Tienes que conseguir un marco bonito para su foto, pero yo no pude. Mi abuelo, el Sr. de la foto, no admitía encierro.

Nuestros padres, como tantos miles, no tuvieron miedo de surcar los mares y llegar a un lugar lejano a hacer la vida. Mamá se enamoró de Venezuela, fue una mujer apasionada, hablaba de sus planes, de su trabajo, del Restaurant “El Samán”, que inauguraron en ciudad Guayana junto a sus hermanos Ramón, Ricardo, Isabel y sus hermanos políticos Lola y Antonio, con una pasión y una alegría como si fuese hoy. Recordaba con frecuencia a los personajes de su familia., en especial a Alex y Natasha sus nietos. Pensar que toda esa gente buena ya murió. La gente buena no debería morirse. Era una matriarca del rural gallego, a su alrededor, giraban muchas personas de la familia y aconsejaba mucha gente. No sé que tengo yo, la gente me busca tanto para pedirme consejo y contarme cosas. Era aguda y sus palabras desvestían y en ocasiones confrontaban.

noviazgoQueremos rendir homenaje a su generosidad y al amor que nos profesó. Era muy disciplinada y exigente. Para exigir hay que dar y para mandar hay que saber hacer, nos decía. Mamá, era la mejor manera de contar historias, y de recordar poemas y canciones de memoria. Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez. Recuerdo su frenesí puesto en todo lo que realizaba. Estamos en el momento más importante. Ni siquiera mires el horno. No lo abras. No dejes que se escape el calor sino la torta se baja. Hay que ser muy cuidadosa. La vida a su lado era amorosa y muy exigente. De pequeños, nos mandaba a comprar y luego agarraba un cuadernito y nos sacaba la cuenta. Si no traíamos lo solicitado o no pesaba bien el mandado nos hacía devolver. Hay que exigir que lo despachen bien a uno y el vuelto completo. Esa no es la pieza de carne que te pedí. Te dieron otra. Nos entrenaba al análisis de las cosas y en muchas ocasiones a frenar las emociones. Cuando alguien tiene una deuda con uno, no podemos molestarnos con esa persona, si lo hacemos no nos paga. La familia para ella era una de las cosas más importantes. En Venezuela trabajaron en casas de familia, y pronto llegaron a tener su propio negocio. Vivieron en las inmediaciones del salto de La llovizna, sorprendidos por la inmensidad del río Caroní y el Orinoco. Nuestra infancia estuvo rodeada de amigos y familiares. Vivimos una época en la cual los niños podíamos correr por el barrio sin miedo. Nuestra infancia fue a puertas abiertas en un barrio obrero llamado Villa Brasil y rodeados de emigrantes. Todas las semanas se celebraban encuentros y fiestas en la vereda de la senda Niteroy.
Durante los últimos días de su internamiento en el hospital de Ourense la acompañamos todo lo que pudimos. Pensamos regresar a casa. Mamá nos dejó un día después de su cumpleaños número 92. Han sido muchas las cosas que compartimos mi hermano y yo, y su hermano mayor Ricardo durante estos últimos tres años. Vinimos de Venezuela para estar con ella. Nos rescató en su casa, el hogar familiar de España construido con mi padre unos pocos años después de la migración, aún los bolívares eran de plata. Ahora somos nuevamente migrantes, venimos de un país en fragmentos, todo explotó en retazos añorados de vida.

Ella era una persona orgullosa de su origen, de su linaje. “Soy una campesina gallega…y así comenzaban los cuentos de la labranza, las comidas preparadas para los labradores, las jarras de vino, las canciones, los recuerdos. Lo decía con mucho orgullo. Nos explicaba las historias de su época y las cosas que habían pasado. En ocasiones eran historias muy dramáticas, en las cuales se perpetraban crímenes, el que más me marcó fue el de un padre que mató a golpes al novio de su hija, porque no le gustaba. No podíamos dejar de escucharla porque una buena historia, aunque sea terrible, tiene una belleza inaudita que sorprende, y estremece cuando el que la cuenta te lleva al centro de los acontecimientos y te hace revivir. Recuerdo que le preguntábamos qué había pasado con la hija. Ella nunca más pudo reponerse. Ese cuento es realmente intenso. Y ella nos decía: Eso no fue cuento. Eso fue verdad.

Nació el 17 de junio de 1929. Nos inculcó el valor y la importancia por las cosas pequeñas y la familia, la integridad y la justicia. A mí me enseñaron que uno debe proteger a los suyos. Tenía un carácter huracanado que podía confrontar al límite y una inteligencia natural para resolver conflictos. Yo perdono, pero no olvido, nos decía. Era determinante. Le gustaban los negocios y ganar su propio dinero, siempre fue autónoma en el manejo de sus finanzas. Se dedicó al comercio. Tenía una vocación por los cuidados a los enfermos y la atención a la gente. Nuestra casa estuvo siempre llena de gente. Se hacían extraordinarios platos por navidad en los cuales se mezclaban las comidas gallegas y las venezolanas y de otros países, y en ocasiones, el jardín de la casa se poblaba con mesas que luego eran ocupadas por todos los vecinos y amigos.familia de mama

En los ojos de mamá se veía un barco, perdiéndose en la lejanía del puerto de Vigo. El Castell Verde se adentraba en un mar intenso y profundo, la distancia hizo cada vez más vivo el recuerdo de Solveira, su aldea, los campos de trigo y centeno, los sembradíos de patacas, el cocido gallego y un buen caldo…nos hablaba de sus abuelos papá Ricardo y mamá Rosa. Nos contaba de las fiebres del Tifus y como saltó la prohibición de tomar agua escondiéndose para mitigar la sed tomando de la garrafa, lo cual le evitó morir deshidratada. El Castell verde se alejaba con ella a bordo y su hijo recién nacido quedaba en los brazos de tía Caridad y tío Laudelino. Ella se llevó su huracán y el viento de aquel invierno, El rostro de nuestra abuela Caridad y la tía Dolores, los manantiales de agua clara en Solveira, las chimeneas y el olor del pan de una panadería comunitaria. En sus historias se escuchaban las vacas y la burra, los perros y las gallinas, las colmenas de abejas de mi abuelo, la miel pura todavía llena de cera y mucha gente hospedada en la casa del abuelo Cándido y la abuela Caridad. Evocaba a aquella gente que cantaba en la labranza, los que venían a ayudar y aquellos a quienes se les pagaba, os feixes de trigo y la preparación de las comidas para los hombres, las jarras de vino y las mujeres corriendo entre siembra y siembra con la doble y la triple jornada, y los trabajos sin pagas y sin horas y sus pies rápidos y ágiles moviéndose en aquel barco enorme, mientras la esperanza de volver a ver a mi padre  crecía como un sol inmenso de color naranja a las entradas de una playa llena de múltiples y variados colores en las cercanías de Gran Canaria. Nos hablaba de sus pesadillas y los sueños con sus muertos en el amanecer de sus 91 años y todos quedábamos extasiados entre observaciones y sugerencias de las más mínimas, detalles de gestos y miradas demasiado profundas y las caídas de los hombros y el talle. Arregla las mangas, están torcidas y aquel cuadro. Mamá, clamaba precisión en el corte y en la costura, una disciplina estricta y perfeccionista de los talleres de costura y nos revelaba sus sueños repetidos de haber vivido en casas suntuosas que nunca vio en la aldea donde abrió los ojos a la luz, en uno de los ocho partos vivos de nuestra abuela. Ella estaba prendada de los buclecitos amarillos de su hijo Juanjito. Pocas veces nos hablò de cosas tristes de la migración, ni de las despedidas. Sus historias se llenaban de alegría y movimiento en aquel viaje, de las mujeres que conoció en la travesía y su posibilidad de ocupar un camarote especial hasta llegar a La Guaira, la población más cercana a la ciudad de Caracas en Venezuela. Su gran sorpresa, al ver el enorme cuarto que compartiría con su esposo en la urbanización de Altamira. El recuerdo de un chef portugués y el sembradío de orquídeas que mi padre aprendió a cuidar con esmero. Era una habitación bellísima, muy bien decorada y en vez de armario tenía un closet enorme. El Ingeniero le hacía mantenimiento constantemente. Allí fuimos muy felices tu padre y yo. Los domingos salíamos todos juntos a las fiestas de las plazas. Sus ojos se llenaban de brillo y de una sonrisa franca tras una hilera de blancos dientes …alguna vez alguien le preguntò que dónde se los había mandado a hacer y ella respondió con una carcajada. Son míos, absolutamente naturales, pero no todo era risa, ella era un tizoncito y de pronto, se incendiaba y todo se llenaba de viento y de fuego y de un carácter forjado al acero.

mama 3El amor siempre estuvo por encima de las contradicciones. Era un corazón generoso, le dejamos canciones, le enseñamos fotografías de su historia, de lo que tanto le gustaba, Caracas, Puerto Ordaz, Venezuela, de sus amigos, de sus hijos, de su esposo, de sus hermanos. Los días que desembocaron en el rayo de su muerte, le tocamos los pies, las manos, la untamos con aceite de lavanda y le observamos el pulso de la vida latiendo intensamente en el cuello. Nadie nos hablò de su inminente partida, no hubo sino humo en estos sucesos, palabras escondidas entre una niebla imposibles de descifrar, una vez en una oficina y todas las demás  pronunciadas al galope, en el medio de un pasillo o en la mención a una lista de espera, y de pronto una delicada dulzura en un rostro de enfermera jovencísima y unos médicos corriendo de una actividad a otra sin saber muy bien adonde y los errores, los ensayos, las dudas en un hospital nuevo, lleno de viejas contradicciones sobre el ser, hoy que La vida en el mundo construido por nosotros,  es cada vez más un accidente tecnocrático y la muerte un despojo.
Una llamada temblorosa dando vueltas en círculo, sin saber muy bien cómo decir y finalmente yo misma la ayudé a confirmar la noticia. Mamá fallecía unas horas después de su cumpleaños. Tuvieron la piedad de dejarla en su cama y pudimos verla y abrazarla y poder volver a abrazarla nuevamente entre las prohibiciones de las mujeres. Pedimos el parte médico y nos dijeron que no. ¿Para qué lo quieren? Mamá se había marchado, portadaseguramente andaría vestida de golondrina volando sobre el mástil de algún barco y papá la estaría esperando en aquel lugar que los wayuu llaman Jepira…ese sitio donde van los espíritus de los muertos. Mi hermano y yo nos fuimos con ese redoble de campanas y el día de su funeral, el mismo día del cumpleaños de su madre Caridad, las gaitas gallegas sonaron a la entrada de la iglesia, en horas del mediodía, en una mañana iluminada y clara de Xinzo de Limia, recordando su buen sentido del humor cuando después de algún dolor nos decía entre risa y risa, Estou dandolle os fios a tecedeira.

El día 13 de junio, pude escribirle este poema.

Mamá:

Ahora, que de tu pecho nacen golondrinas a punto de volar sobre el mar eterno, y los objetos son sólo líneas, nuestras voces esas tiernas presencias que espantan a los fantasmas.

Ahora, que tú eres como nuestra hija, y la vida es pálpito en el cuello, latido continuo y acelerado de pájaro leve cantando, hálito, aroma de rosas y jazmines y brotes de plántulas de avas/caraotas blancas y negras creciendo en tu huerta y el estremecido movimiento de las pequeñas hojas de perejil recordando tus manos de dedos curvos, de un recorrido intenso, placentero y adolorido, dando el brillo, el luminoso brillo al alimento preparado por  tus manos, alimento diario, variado y sencillo, mientras la mesa espera y la comida como un extraordinario manjar nos llena de satisfacción. Entonces… ¿qué les pareció mi comidita?

Ahora, que te besamos mostrando las fotos de nuestra infancia en Caracas y en Puerto Ordaz y sales del sueño letárgico, al movimiento rápido de los ojos, sobre el viejo álbum de nuestra felicidad sencilla.

Ahora, te se cerca, tan cerca de nosotros y cuando las golondrinas broten de tu pecho a cruzar la orbita celeste del mar oscuro de mis visiones, remontaré todas las cuestas sabiendo que tu y nosotros somos el mismo y único aliento.

Leído el 19 de junio de 2021

en los funerales de mamá.

“Rosita” La pasión de vivir (17-06-1929 –18-06-2021)