jueves. 11.08.2022
Manuela Cerredelo - Herminia Conde, Pilar Cabrera “EL CAMPO ES UNA OPORTUNIDAD”

MARÍA JOSÉ MANSO CABRERA

Rosa Trujillo Bolaño

ESCOLA RURAL DE SAUDE DA LIMIA

“La vaca mariposa tuvo un terné

un becerrito lindo 

como un bebé. 

Dámelo papaíto dicen los niños

cuando lo ven nacer. 

Y ella lo esconde por los mogotes

que no se

La vaca mariposa tuvo un terné (…)”

El becerrito (La vaca mariposa)

Simón Diaz-Compositor y cantante venezolano

Maria Jose Manso y Manuela
Maria Jose Manso y Manuela

Hay una revelación en el paisaje del campo gallego, una pausa, un silencio de amor flotante que recuerda otros campos, otros paisajes, que parecen ya perdidos y vuelven detrás de la neblina a conjurar a los olvidos. Nos muestran las caras de la entrega, de la culpa y del perdón. Hay grafías que cuentan historias, entre y sobre las piedras, en los tejados de las casas, en los caminos, en los troncos de los árboles, y en las pieles curtidas y ya trasegadas de la gente mayor. He sentido su comunicación de trueno y rayo, directa y definitiva cuando se trata de avanzar o de marcharse.

Las mujeres del campo gallego, al que se llama “el rural”, como si existiera una real marca divisoria entre la ciudad y el campo, como si esas personas que producen no fuesen las salvadoras de toda la humanidad que come los frutos de una entrega parecida a la de la vaca mariposa con su becerrito.

Padres de María José
Padres de María José

“As mulleres galegas”, de las que siempre me habló mi madre en sus poemas, en sus cuentos que no son cuentos, sino verdades, dan mucho más de lo que pueden en cantidad de ocasiones. Sobre esos sacos de patacas hay dolores de huesos y canciones de la radio. Ya no hay segadores y las canciones no se hacen en grupo como antes, ahora se escuchan desde el tractor mientras la espalda sube y baja, por eso, que hablar del campo como un espacio sin oportunidades es un absoluto desconocimiento o un desprecio. La gente camina entre el campo y la ciudad por amplias carreteras, es cierto que esa concepción hace que todo se vea lejano, pero la realidad es que está muy, muy cerca y puede ser la gran oportunidad de la gente más joven, una grandísima posibilidad de crecer por sí mismos, de forma autónoma. 

Estas mujeres, que en esta oportunidad en la que damos lectura a esta entrevista y agregamos y corregimos, están sentadas en la mesa de la cocina y de pronto, Manuela, de forma impetuosa y decidida nos dice:

“A veces nos ven como un poco tontas, o creen que no tenemos cultura o educación. Aquí están muy confundidos y desconocen muchas veces cómo vivimos ahora as mulleres do campo, sobre todo aquellas personas que creen observarnos desde la ciudad…”

Estamos en Sandías, las calles y hasta las esquinas, están limpias y adornadas con flores. Hay un centro expositivo sobre La Lagoa de Antela ya desecada. Se muestran los animales que aún perviven y los que ya no están. Tienen un salón de actos y de exposiciones, se reciben clases de educación para la salud, pintura y restauración, tienen una escuela, un centro de salud y un preescolar. Cada vez más las mujeres se convierten en productoras con derechos, conducen autos, y grandes tractores, toman decisiones con su propio dinero y a pocos kilómetros está Xinzo de Limia y Orense.

En esta ocasión, nos encontramos frente “A casa da Lagoa”, dentro del centro social, donde se dan clases de gimnasia y de memoria. Una antigua casa remodelada que sirve de lugar de encuentro a personas mayores. Son casas que revelan historias míticas, las que transcurren en esta  conversación con María José, Manuela, Pilar y Lola.

Las mujeres han realizado históricamente actividades de producción en sus pequeñas huertas y en las tierras familiares. Hoy María José Manso nos revela y da una semblanza breve de cómo se decidió a ser productora de patacas y trigo en Cardeita. Ella vive en el barrio Carreira, la entrada de su casa es una muestra de cactus florecidos, desde los más pequeños hasta algunos enormes que como estatuas vivientes rodean esta hermosa casa. Ella es natural de Vilariño Das Poldras. Nació el 6 de julio de mil novecientos sesenta y siete. Su padre fue José Manso Fernández y su madre Josefa Cabrera Casares.

“Ellos emigraron a Alemania. Yo me quedé con mis abuelos y mis primos y fui muy feliz. Cuando tenía ocho años, nacieron mi hermana Mónica y Eva y ellos regresaron a Vilariño y comenzaron su vida aquí. Mi padre era albañil y ellos tenían muchas vacas y producían trigo y patacas. Mi madre luchó mucho, con 43 años se quedó viuda. Después yo era mayor y le echamos una mano ayudándola en el campo. Fue muy trabajadora, muy positiva y en la actualidad tiene setenta y siete años. Ahora vive sola en su casa, pero siempre acompañada de mis hermanas y los nietos. Mis hermanas eran muy pequeñas y al morir mi padre las sacó adelante con una mínima pensión”.

Pilar Cabrera Gómez nos refiere:

“Cuando pensé en María José, enseguida recordé a tantas mujeres del campo de Sandías, hay muchas, hay muchísimas. Mi memoria me trajo a muchas mujeres que han trabajado en el campo. Rememoré todo lo que hacía mi madre, la comida, la limpieza, la ropa, la huerta, el cuidado de las vacas y la limpieza de la corte. Cuando terminaba la actividad del día y nosotros regresábamos ella ya tenía que volver a preparar la cena…antes se lavaba la ropa en los estanques y el agua en invierno estaba muy fría, casi congelada. Teníamos 14 vacas, cuando mi padre iba con el tractor, mi madre limpiaba y lavaba la cuadra.

Son actividades muy poco valoradas. Realmente, no hay una mención justa al trabajo de la mujer de antes y la  de ahora, esa labor que permitía el trabajo del hombre, la producción en el campo y la alimentación de nuestra población…”

Siguen las palabras o quizás las confesiones de María Manso. ¿Cómo y cuándo se casó? ¿Cuándo decidió dedicarse a la producción? ¿Cómo aprendió a conducir un tractor? Decisiones que parecen fáciles, pero cuando ESTÁS alejada del conocimiento esencial sientes miedo.

“Caseime de moi noviña 22 anos…

Mis padres lucharon mucho para que yo estudiara, pero no quise. Fuimos a vivir con mis suegros y a ellos también los cuidé. Soy muy luchadora, aquello por lo que lucho, trato de conseguirlo y se que aún no estaba a la altura de las circunstancias, luego con la ayuda de mi marido fui saliendo. Fui haciendo cosas, sembrar las patacas, manipular el tractor, todo lo que se hace para trabajar en el campo.”

Maria José Manso Niña
Maria José Manso Niña

Pasa como en otros oficios, eso es lo que puedo decirles a las mujeres que quieran dedicarse a ser productoras en el campo. Depende de nosotras luchar por muchas causas, la tierra, el trabajo, tener otro sueldo, ser políticas, depende de nosotras. Podemos hacerlo, al principio no resulta fácil. Depende de nuestras habilidades. Yo soy muy activa. Debemos preguntarnos: ¿Qué puedo hacer hoy? Yo soy muy botada. Soy echada palante. Siempre soy una persona muy positiva, a las dificultades hay que verlas como oportunidades, uno se crece con ellas. 

Las tierras que cultivo están en Cardeita, son 25 hectáreas y las sembramos de patata y trigo. Mi marido y mis hijos colaboran conmigo…”

María José ha realizado su trabajo en el campo, al lado de las tareas domésticas y del cuidado de los mayores y de los hijos. Ha cuidado también de los familiares enfermos, su suegra, la abuela de su marido. Labores muy intensas, delicadas y necesarias, diríamos trascendentes en la vida del campo y del resto del país.

Hay muchas mujeres que pasan por lo mismo, incluso algunas tienen a sus maridos enfermos. Cuando somos labriegas debemos tomar muchas cosas en cuenta, pero no debemos olvidar que somos nuestras propias jefas. Eso tiene sus beneficios, pero también sus riesgos. 

Empezamos en el mes de abril con los cereales. Las tierras hay que ararlas, abonarlas, para luego sembrarlas y cuidarlas, para recoger, consumir y vender y así continuar. Yo tengo 19 has sembradas de trigo y 6 has de patatas. 

Hay que reconocer en sus palabras la necesidad de integrarse a su grupo, su colectivo de labriegas. En la primera entrevista nos menciona a Manuela Cerredelo y Herminia Conde Bahía, a quienes conocemos en el tercer encuentro. Ella forma parte también de un colectivo político que se llama AGRELSAN. 

“Es una sensación muy buena recoger los frutos, siempre voy con mucho cariño”.

Recordamos que antiguamente la gente cantaba en los trabajos del campo, cuando iban a recoger, era como una fiesta. Todo eso ha cambiado con la mecanización del campo. Aunque Manuela recalca en su idioma gallego:

“No cambio el trabajo que tengo por otro trabajo, por una carrera, por ejemplo. Yo soy feliz con esto, no estoy amargada. A veces en la vida hay que luchas para vivir. Nos hemos puesto más individualistas, antes se llamaba a mucha gente y venían de distintos pueblos…”

Nos habla de los controles que se les hacen, los cuales son bastante exigentes.

“Hay gente que dice que se hace lo que se quiere y hasta se atreven a decir que las patacas de La Limia no sirven. Dan una mala publicidad y eso no es cierto. Nos someten a investigación, supervisión y análisis de los productos, en este caso, de la pataca, que tiene un origen protegido. Debemos llevar un libro con los productos que se usan en el campo, la cantidad y la fecha, la parcela y todo, y si no se sigue, se imponen sanciones muy grandes. Lo malo es que tu echas la producción y hasta que no la vendes no sabes. Nada. Estas viviendo en una gran incertidumbre”. 

Herminia nos dice que con los animales pasa igual, hay muchas exigencias.

Están asociadas al sindicato de labregos, quienes organizan una vez al año as xuntanzas das mulleres labregas.

“Son muchos los problemas por los que pueden pasar, pero también sus alegrías. Dice María José. Las mujeres tienen mayor desgaste físico que los hombres. También crían animales para su consumo y aún realizan la matanza del cerdo una vez al año, hacen los chorizos, los jamones y salan el cerdo para su consumo. 

Nosotros veíamos necesario tomar las riendas de nuestro municipio y decidimos crear un movimiento que hemos llamado AGRELSAN (Agrupación de electores de Sandías), en las últimas elecciones tuvimos mayoría y fue un gran alivio para poder gobernar. Somos seis concejales y el alcalde, de las cuales dos concejalas somos mujeres Pilar es concejala de Justicia Social y Participación Ciudadana. Actualmente yo soy la concejala de Economía y Medio Ambiente. Somos un grupo independiente. El alcalde se llama Felipe Traveso, es una persona con mucha decisión y muy cercano y trabajador.

Maria Jose Chicas
Maria Jose ; Manuela; Pilar e Herminia 

¿Qué le podemos decir a las mujeres que quieran trabajar en el campo?

Todas se miran con cara bastante traviesa, como diciendo sin decir nada, hasta que Manuela se atreve y cada una va agregando algo:

“Si les gusta tienen que meterse. Lo que queremos es dar visibilidad a las mujeres del rural para que el rural avance. He hecho muchas cosas hasta llegar aquí. Lo que estoy haciendo ahora es un trance muy grande. Ahora reduje la producción. Tengo 17 has de cereales y 6 has de patacas. Tengo que cuidar a mi familia. Yo he querido andar con el tractor. Tengo que hacerlo para ver dónde me equivoco y luego mejorar. Hay cosas que son más físicas, pero a veces es más maña que fuerza”

Herminia es muy sincera y define así su visión:

“Hoy en día está más complicado, deben tener paciencia. Tomar la decisión a nosotros también nos costó. Desde que me casé me metí a fondo a todo.

Tienen que ser luchadoras y trabajadoras y hay fincas para trabajar, sobran fincas. Hay que meterse y ser valientes y decididas. Yo le di la vuelta al tractor dos veces y sigo adelante. Son trabajos que tienen sus riesgos…”

En ese sentido, María José deja un mensaje muy claro para las mujeres que quieran dedicarse al campo:

“Lo que puedo decirles a las mujeres es que no tengan miedo y asuman los retos que el campo nos propone, para saber lo que es hay que vivirlo y cada persona lo vive de distinta manera.

Sigamos adelante. Esto nos da mucha libertad”

R.M.T.B.