domingo. 27.11.2022

Según el profesor Heinz Leymann, el experto internacional más reconocido en el campo del mobbing , una de las consecuencias del acoso laboral, afecta al nivel físico desencadenando  una patología psicosomática, manifestándose en dolores musculares, palpitaciones, etc.

No son exageradas deducciones carentes de realismo, sino todo lo contrario. Mi amiga, víctima de esta terrorífica situación, sufre desde hace años de grandes y fuertes dolores cervicales que no son fruto de su jornada laboral frente al ordenador. Primero,  porque la han privado de realizar cualquier tipo de trabajo y segundo, porque le han negado los medios para realizarlo.

Las consecuencias a nivel psíquico se simbolizan en una ansiedad caracterizada por la presencia de un miedo acentuado y contínuo, de un sentimiento de amenaza constante. Porque tratarla como si no existiera o no dirigirla la palabra, es una insignificancia comparado  con las amenazas que ha recibido. Fruto de ésto ha sido el tiempo que ha dependido de otras personas para que la trasladasen a su puesto de trabajo, pues era incapaz de conducir su propio coche. Este maltrato injustificado la producía fuertes y constantes ataques de angustia.

Ya mencioné en la primera parte el carácter clandestino del Mobbing, ya que no deja huellas externas ni se cuenta con testigos dispuestos a declarar lo presenciado. Sobre la falta de rastro y a la espera que salga el juicio, no podré hablar sobre un trágico episodio que vivió mi amiga, pero sí asegurar que los hostigadores no fueron nada sutiles en este aspecto. Y en cuanto a la falta de testigos, coincidir que es la pura realidad porque algunos de ellos nunca podrán declarar. El poder cobra aún más fuerza en los medios pequeños, asi que, tanto el miedo a las represalias como a la situación del empleo en la actualidad, conjugan el arma perfecta  para que los testigos se encuentren atados de pies y manos. Debido a la combinación de estos dos factores,  tiene que enfrentarse además con la marginación que sufre por parte de algunos de sus familiares. Cualquiera puede sentir este sentimiento de frustración e impotencia que vive diariamente, así como su entorno familiar y social que padece también las consecuencias de tener a una persona cercana desmotivada, sin expectativas y sufriendo.

Creo que la cobardía y el miedo juegan aquí un papel importantísimo porque alimenta con benevolencia los actos de los hostigadores, maltratando aún más a la víctima.

He leído también que el acoso constituye una situación de amenaza para el organismo y por lo general ningún ser humano nace preparado para hacer frente al acoso cuando éste se prolonga en el tiempo. Las víctimas terminan por caer en un estado de indefensión aprendida pues descubren que hagan lo que hagan, el acoso continúa.

Hoy en día y desde hace años, las denuncias se encuentran amontonadas a la espera que les llegue el turno para que la justicia cumpla por fin su función. Entre los centenares de papeles compuestos por denuncias y relatos, se encuentra un test que sirvió de instrumento de evaluación para conocer el índice del acoso. El resultado de ese peritaje dió la escalofriante puntuación de 89% de Mobbing. Y a medida que la justicia, como un cuentagotas, vaya dictando sentencia a favor de la víctima como está ocurriendo desde un principio, ella tendrá que vivir ocho horas al día en un puesto de trabajo más parecido a una prisión que a un despacho.

No me cabe la menor duda que éste es un movimiento totalmente organizado. Parece como si estos líderes espontáneos hubieran estado preparándose toda su vida para un plan perfecto. O quizás se tiene que nacer con esa vena malvada,  intentando bajo una mente enfermiza    aprovecharse del poder, para intentar dominar a los que cultural o intelectualmente son más fuertes.

La he visto muchas veces dudar si tirar la toalla porque el dolor era demasiado intenso. He visto correr por sus mejillas lágrimas de desespero, de impotencia, de miedo. Tanto sufrimiento  no puede ser en vano. Por eso a través de mis palabras pretende hacerse oir para ayudar a otras personas con el mismo problema, haciendo una petición a otras víctimas para que resistan, para que luchen hasta el final.

Porque nos podrán intimidar con gestos, palabras y actos, pero jamás nadie nos podrá quitar el derecho a luchar por nuestra dignidad.

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