miércoles 20/10/21

En recuerdo de Alfonso Villarino

MANUEL DOBAÑO

A través de la sabiduría que otorga el devenir del tiempo, he aprendido que uno puede vivir lejos de su tierra por más de cincuenta años, como es mi caso, sin renunciar jamás a su origen. Igual que sucede con algunas especies animales, ese mágico e invisible cordón umbilical que nos mantiene unidos al ‘nido’, constituye uno de los grandes misterios de la vida. Valga esta breve introducción para significar la importancia de la pertenencia a la tierra gallega que me vio nacer. Para vacunarme contra el peligro de la desmemoria que suele provocar la prolongada ausencia, todos los días saludo al hórreo y a las figuras de porcelana de Sargadelos que me acompañan en el comedor de mi domicilio catalán. Cada vez que mi fallecido padre viajaba a Galicia, aseguraba que él no desperdiciaba la ocasión para ‘dialogar’ con las piedras.

Y para completar esta telúrica conjunción de emociones, que me reconfortan e inspiran, en lugar destacado del pasillo de mi casa lucen enmarcados un cartel ‘do entroido’ de Xinzo de Limia, y otro, más pequeño, en el que aparecen hermanadas las máscaras típicas de los carnavales de otros municipios ourensanos. Son mis particulares duendecillos que me defienden de los males presagios. Ambas ilustraciones, me las hizo llegar oportunamente mi gran amigo Dalmiro Castro, el mismo que, en su día, me informó del fallecimiento, a casi centenaria edad, de Alfonso Villarino, uno de los personajes, sin duda, más relevantes de la historia del carnaval antelano y que, hace unos años, tuve la oportunidad de entrevistar para La Región.

En aquella ocasión, el bueno de Alfonso me rememoró su intenso y apasionado idilio con los carnavales de Xinzo, una historia que todavía no se ha escrito. Con nostalgia, también me habló de la rondalla que él impulsó, un entusiasta grupo musical que iluminó aquellos tiempos ‘da longa noite de pedra’. Alfonso Villarino Rodríguez, si alguien se merece un busto en tu villa natal, ese, eres tú, para que tu recuerdo perdure en el tiempo. La figura, bien podría erigirse al lado de la escultura dedicada ‘As Pantallas’, como homenaje al animador socio-cultural que fuiste durante casi medio siglo.

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