domingo 22/5/22

“LA RISA AYUDA A VIVIR” EN LA MELANCOLÍA NO PODRÍA

CARMEN V. Q.

ROSA TRUJILLO BOLAÑO

ESCOLA RURAL DE SAUDE DA LIMIA

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Carmen

Era el año 1961 cuando Carmiña, salía de Xunqueira de AmbÍa de la aldea de Armariz, donde nació en 1943, para trasladarse a Madrid, ya que en Galicia no había trabajo, esta fué su primera migración, posteriormente emigrará a Suiza donde se establecerá y formará una familia.

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CARMEN 

Elegimos a Carmen como “Muller Símbolo”, porque como muchas otras mujeres del rural tuvieron el empuje necesario para hacer su vida en la migración, ayudando también a sus familias. Las mujeres migrantes tienen que ser reconocidas desde sus vidas cotidianas por su tesón y su esfuerzo, porque ellas son un referente delucha, y de generosidad para levantar la economía gallega.

Nos reunimos con Carmen en el “Agora” tomando un delicioso chocolate en una tienda cafetería impulsada por otra muller galega Sonia Trigo González. Allí degustamos un chocolate cada una y ella me cuenta de su experiencia como migrante, como cuidadora y referente dentro de la Escola Rural de Saude.

Es una mujer inquieta, de caminar rápido y se observa de gran talante y temple. Ella, a sus setenta y siete años, busca la solución de sus problemas, persigue la formación y la información, analiza situaciones de vida en el límite, es viuda: “Desafortunadamente” nos refiere.

Hemos resaltado muchas veces que La historia de vida de un ser humano es un concepto fundamental, veamos como Carmen se define:

“Doy gracias a Dios por ser como soy, pequeña, delgada. Me acepto como soy. Eso es muy importante, aceptarse como uno es y aceptarme como Dios me dio. Meu marido de nada hacía una broma. Muchas veces me rio y me ayuda a vivir, porque si vivo en la melancolía no podría vivir”

Su marido se llamaba Manuel, lo conoció en Suiza, él era de Ourense. Tuvieron dos hijos varones, de los cuales tiene dos nietos, una hembra y un varón.

Se interesó en la Escola de Saude cuando su marido estaba enfermo. “Me ayudaban todos los conocimientos de las charlas y talleres que allí se impartían”

“Aprendí a mirar el azúcar, colocar la insulina y adaptar la comida al grado de insulina… Me interesé por aprender. Recuerdo que cuando estaba en la residencia malito, llevaba la máquina de medir el azúcar y si lo tenía muy bajo le ponía en la comida pan migado, sin que nadie se diese cuenta. Cuando vives con el enfermo eres la persona que más lo conoces”

Su marido estuvo enfermo varios años y ella lo acompañó con constancia y decisión.

“Cuando iba al médico, si tenía la posibilidad hablaba antes con el y le pedía a solas que le explicara a mi marido su situación, buscando que el estuviese consciente de lo que le estaba pasando. (…), fue perdiendo capacidades hasta que lo diagnosticaron con la enfermedad de Alzheimer”

“Cuando lo vi dije: este es el hombre de mi vida. Estaba esperando el de Ourense. Era estable, sereno y tranquilo”

Ella emigró en los años 70 a Suiza y salió por el País Vasco, la travesía fue larga, pero iba acompañada.

“Me enamoré de todo, del trabajo, de la paga de fin de mes, de poder mandarle dinero a mis padres, del orden que había”

Trabajé en muchos sitios Hotel Dragen, Excelsiór y restaurant Klock. Los primeros días era carnaval y trabajé todo el día hasta las 12 de la noche. Al terminar me acosté en la cama y estaba tan cansada que me costaba arrastar los pies hasta la cama.

Me desempeñé como trabajadora un tiempo largo en el restaurante Klock como ayudante de cocina, hacían un menú equilibrado, hidratos de carbono, verdura, ensalada, carne o pescado. Se trabajaba mucho y hubo un período largo que no tuve Seguridad Social, cuando me enteré ya había pasado el lapso y no pude reclamar. Me di cuenta cuando acudí a la agregaduría laboral española quienes me informaron de mis derechos.

Para mí la migración fue descubrir todos los días algo nuevo y positivo, aunque a veces lloraba. Sí. Lloraba por nostalgia, pero nos han recibido muy bien, nos valoraban mucho. Había que aceptar, obedecer y saber vivir allí.

Fue en Suiza que conocí a mi esposo. Vivimos tiempos muy felices. La primera noche que estuve con el quedé embarazada. Dentro de los altos y bajos del matrimonio, fue una vida feliz. Cuando se casa uno tiene que convivir con una persona que no conoce. Tienes que ceder un poco de una parte y de la otra.

Los primeros tiempos fueron difíciles y murió mi madre. Ella me había dicho “si tienes la posibilidad de casarte, cásate. Es muy bonito. Tienes a alguien a quien querer y quien lo quiera a uno

Así lo hizo. Siguió trabajando en el restaurant y con el tiempo fueron progresando hasta alquilar un buen piso, lograron ayudar a sus familias y conseguir su casa en Xinzo, lugar donde ella vive ahora desde hace muchos años.

“Cuando él iba perdiendo capacidades lo pasé muy mal. En Suiza participábamos con distintos grupos, visitábamos a los enfermos, formamos parte del coro de canto, acompañábamos en los duelos a los amigos escribiendo cartas de pésame y estábamos en un grupo de matrimonios. En los grupos de matrimonios se hacía un trabajo muy importante:

“Os que foron de primeiros, despois xa animaban os próximos y dabamoslle a sorpresa de dar unha carta. Foi unha experiencia do millor que puderamos facer, durou ata que regresamos. Despois de moitos anos falleceu o meu marido”

Reproducimos aquí uno de los escritos que Carmen escogió como ejemplo del trabajo que realizaban con los matrimonios.

Carta manuscrita
Carta manuscrita

Las cartas fueron una herramienta muy valiosa para acompañar a los matrimonios en el apoyo a su vida de pareja y para las despedidas a la muerte de algún familiar.

A la muerte de su esposo, sus hijos le hicieron una hermosa carta de despedida donde recuerdan su historia y la posibilidad de volverse a encontrar y, le agradecen a su padre la experiencia de vida a su lado, así como el reconocimiento a todas aquellas personas que lo ayudaron durante su enfermedad. Un hermoso símbolo íntimo que ellos leyeron el día de su entierro que formó parte del duelo y de la despedida. Una posibilidad para todas aquellas personas que en época de pandemia perdieron a sus familiares y no pudieron despedirse de ellos.

Agradecemos muchísimo a Carmen estas enseñanzas.

R.M.T.B.

“LA RISA AYUDA A VIVIR” EN LA MELANCOLÍA NO PODRÍA